Hacer el
ejercicio de imaginar el traslado directo de un facilitador de espacios
presenciales de aprendizaje como facilitador en un entorno virtual,
considerando que éste sólo requiere realizar pequeñas modificaciones en sus
acciones pedagógicas y que el mayor peso recae en adaptarse al uso de las TICs
para la enseñanza, es encontrarse, por un lado con la ya acostumbrada concepción
pedagógica positivada donde se deshumaniza al alumno colocándolo en una postura
de objeto receptor, y por el otro lado es asumir una postura tecnocentrista que
nos aleja de un modelo integrador en la enseñanza-aprendizaje en donde se
pretenda centrarse en los usuarios y sus interrelaciones (Dorado y Rodríguez,
2004) más que en la tecnología.
Asimismo, el facilitador del modelo de Educación a distancia
tradicional, Educación por correspondencia, conocido años atrás, aparece
centrado en los materiales, en relación asimétrica con los estudiantes y con un
mínimo de interacción con éste, por lo que, al imaginar llevar a este docente
(facilitador) al ambiente virtual la respuesta es similar a la imagen con el
facilitador del espacio presencial.
Un nuevo
facilitador
En este sentido, el facilitador a distancia de la
actualidad parece requerir, mucho más y de manera diferente, competencias,
características, rasgos que el docente (facilitador) tradicional, tanto del
ámbito presencial como a distancia, no posee o al menos poseen en una dimensión
diferente.
Qué puede
hacer la diferencia en este facilitador?
Entre el
control del aula y la frialdad del correo
Cuando
nos desligamos de la presencia controladora del docente en el aula tradicional
y la frialdad del material enviado por correo, debería emerger un
facilitador capaz de danzar con
la tecnología cada día cambiante, la interacción permanente
de las personas en red y el fluir de información de todas
partes, y no sólo eso, sino poder acompañar en esa danza a un grupo
de personas que parten de la confianza en su experiencia y mirada.
Pues si,
toda relación facilitador y estudiante parte de una
confianza previamente conferida con base en la autoridad de
haber sido asignado como su guía durante un curso. Esa confianza
se fortalecerá o mermará, por tanto no podemos desestimar toda la
emocionalidad, "humanidad" en esta relación aunque se de frente a un
computador.
Educación a
distancia: una experiencia de aprendizaje social-virtual
La nueva
mirada del facilitador a distancia debe ir hacia la comunidad virtual bajo la
consciencia de la dimensión social, cultural y psico-emocional inmersa de
manera peculiar en la educación a distancia. Cuando se entiende que existe
un fenómeno social idiosincrático en esta modalidad educativa,
el facilitador se abre al aprendizaje colectivo y a su labor como co-participe
en toda la experiencia y sus dimensiones (emocional, social, cultural).
Y será
entonces, ese comportamiento, esa forma de generar una experiencia de
aprendizaje colectiva, innovadora y activamente cambiante, lo que impactará en
mayor medida en el aprendizaje. Para ello el facilitador requeriría trabajar
sus propias competencias, ya no técnicas pues se sabe preparado para
el contenido a manejar, sino personales pues será la forma de la
interacción la que dará nuevos resultados.
El nuevo
facilitador está abierto a su aprendizaje y responsabilidad personal
En este
sentido, Echeverría (2009) resalta:
Una enseñanza que no produce
aprendizaje no es enseñanza, por mucho que ejecute un sinnúmero de acciones
pedagógicas. Correspondientemente, mientras mayor y más alta sea la calidad del
aprendizaje que genera, mejor será la enseñanza. La enseñanza requiere ser
evaluada por su resultado y el único resultado que es pertinente evaluar es el
aprendizaje de los alumnos (p.129).
Es decir que
el aprendizaje valida la enseñanza, serán entonces los resultados obtenidos por
el facilitador en su grupo de participantes lo que le permitirá evaluar sus
propias acciones pedagógicas, pero por sobre todo, su propio trabajo consigo
mismo.
Referencias:
Echeverría,
R. (2009). Escritos sobre aprendizaje. Chile: JC Sáez editor.



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